Ene, 2026.- El bienestar físico constituye el cimiento sobre el cual se edifica una existencia plena, dinámica y con propósito. No se limita a la ausencia de enfermedad, sino que refleja un estado activo de salud que nos impulsa a desplegar capacidades, afrontar los retos cotidianos y participar con energía en cada ámbito de la vida: desde el trabajo hasta los momentos de disfrute personal y familiar.
Mantenerlo requiere un compromiso consciente apoyado en tres pilares fundamentales relacionadas con una alimentación equilibrada y nutritiva, que brinde al organismo la energía y los nutrientes necesarios para funcionar de manera óptima, a esto se suman la actividad física regular, ajustada a la edad y condición de cada persona, para fortalecer músculos, huesos y el sistema cardiovascular y el descanso reparador, que permita la recuperación tanto física como mental. La integración de estos hábitos genera un círculo virtuoso de salud que se retroalimenta día a día.
El cuidado del cuerpo trasciende lo individual. Una persona que goza de buena salud física proyecta mayor energía, disposición y ánimo, lo que repercute directamente en su entorno: mejora la productividad laboral, fortalece las relaciones familiares y potencia su capacidad de aportar a la comunidad. En definitiva, un ciudadano saludable se convierte en un agente más activo y constructivo dentro de la sociedad.
Cuidar el bienestar físico es, entonces, el acto más esencial de responsabilidad personal. Es una inversión en autonomía y en la posibilidad de vivir cada etapa con vitalidad. Priorizar la salud no es un lujo, sino una decisión inteligente que abre camino a un presente más dinámico y a un futuro más independiente y feliz. El momento de empezar es ahora: con un paso, una elección alimenticia consciente o una noche de sueño reparador. (Foto tomada de Jit)
