Declaración de amor para un amigo de milenios: El teatro

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El Teatro, amigo de milenios.

Ene, 2018.- A los cinco años de edad declamó la primera poesía, quizás sin imaginar que con el decursar del tiempo sería aplaudida y ovacionada en varios escenarios. Su vocación por el arte de las tablas creció entre historias, dramatizaciones, concursos, entre proscenios y bambalinas, entre públicos e instructores que le ayudaron a comprender la magia y el hechizo de ese amigo de milenios: El Teatro.

Tuve la suerte de dialogar con Sheila Hernández Gamboa, quién rememoró muy conmovida su época de actriz, etapa que jamás olvida y de la cual atesora detalles imborrables.

Las vivas expresiones de la dedicada guaimareña encontraron favorable acogida por esta redactora que sin titubear se dijo: En el Día del Teatro Cubano vale homenajear a personas como Sheila que llevan en el corazón el amor por esa manera de hacer cultura y la devoción siempre latente hacia la manifestación capaz de emocionar, de trasladarnos al ayer, de dibujar con gestos y palabras la grandeza de hombres y mujeres ya sean nacidos de leyendas reales o ficticias prestas a convencer, animar, entusiasmar y convocar.

Ella, la protagonista de este escrito ve en el teatro un espacio de acompañamiento, de orientación y educación para la vida, garantía de salud mental, física y social de los ciudadanos del mañana, catalogándolo como arte ineludible en el pasado, presente y futuro de la patria.

Este 22 de enero de 2018, Día del Teatro Cubano, Sheila tiene motivos para estar alegre y confiada, pues en esta retrospectiva al ayer permanece vivo en su memoria el gozo experimentado cuando participó en el Festival pioneril ¡Qué siempre brille el sol!, cuando actuó en el concurso nacional Carlos Moctesuma y obtuvo el premio de mejor actuación femenina, cuando sin descansar asistía a los ensayos y se nutría de la sabia de su más querido instructor, el profesor Alberto Padrón Sedeño.

Entre sollozos dejó que su voz despertara el silencio de su alma, presentó todo un currículo que vale la pena descubrir porque declara que no sólo ella acogió al teatro, también el teatro la hizo suya.

Amante de la sinceridad, defensora de su familia, excelente hija, madre, hermana, trabajadora incansable, Sheila Hernández Gamboa labora hoy en el Ministerio de Educación en Guáimaro, organismo al que le entrega segundos, minutos y horas, convencida de que siempre se puede más, que el teatro nunca fenece y está presente en todo momento presto a ratificar que hasta los buenos recuerdos pueden ser fuentes de inspiración para escenificar la mejor obra.

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