
Nov, 2018.- No podía ser otra la reacción del ultraderechista Jair Bolsonaro presidente electo de Brasil que antes de tomar definitivamente las riendas del gigante sudamericano comienza a hacer de las suyas y demostrar su fanatismo enfermizo por las doctrinas neoliberales al punto de declarar públicamente su intención de imitar la dictadura del chileno Augusto Pinochet.
Homofóbico por excelencia, despótico y arrogante, el actor de esta película que muchos saben cómo comenzó pero la mayoría no conoce ni imagina su final, se propuso obstaculizar el convenio entre Cuba y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) que garantizaba la participación de profesionales cubanos en el Programa Más Médicos de Brasil.
Expresiones falaces, sin fundamento alguno, opiniones soeces emitidas por el gobernante dirigidas a manchar el nivel de profesionalidad de los galenos de la mayor de las Antillas, recibieron la respuesta contundente del Ministerio de Salud cubano, admirado y respetado por el ejército de batas blancas que lo compone presto siempre a demostrar las altas dosis de responsabilidad y altruismo y ratificar que toda contienda por difícil que parezca puede vencerse a golpe de amor, ternura y mucha esperanza.
La noticia conmovió no sólo a los hombres y mujeres que hoy en el país hermano reparten sabiduría, fe y solidaridad plena. La información caló profundo en el corazón de la expresidenta brasileña Dilma Rousseff, impulsora del proyecto cuyo objetivo principal estaba dirigido a abrir hojas de ruta a los médicos que sin temer a distancias, credos e idiomas mostraron al mundo entero la capacidad de llegar bajo lluvia, sol y sereno a los lugares más intrincados y devolverles la sonrisa a niños, jóvenes y adultos, eternamente agradecidos por la humana entrega.
En campos y ciudades del Brasil quedan grabados para la eternidad inolvidables pasajes pletóricos de proezas protagonizadas por cubanos dignos convencidos que al regresar a Cuba dejan en la tierra hermana no precisamente la condición que los acredita como médicos, sino el amor, ese que hizo posible que más de 63 millones de brasileños y brasileñas volvieran a retomar la confianza en un mundo mejor, a creer que la existencia no es tan fugaz como parece, que la salud se recobra con atención y buen trato.
El suceso es lamentable, pacientes y amigos de los profesionales cubanos sienten desde ya que a partir de ahora el destino de ellos puede tornarse insuficiente y precario, la permanencia se transformó en un abrir y cerrar de ojos en ausencia, sí, en una ausencia que duele y mucho. Perderán la costumbre de salir al encuentro del médico que con su dedicación se ganó el derecho a ser catalogado como uno más de la familia.
Jair Bolsonaro, interrumpe el andar firme y valioso de una historia que deja a su paso estelas de satisfacciones y victorias, una leyenda que enorgullece y sin atisbos de vanidad se ubica en la cumbre de la pirámide edificada con virtud y patriotismo.
Las últimas declaraciones del presidente electo de Brasil propiciaron y facilitaron la interrupción del programa Más Médicos, sin embargo la artimaña típica de los como él se unen a la lista de serviles al imperio no podrá marchitar jamás los argumentos de una región cuyos hijos, en especial los más vulnerables y necesitados, aplauden la jovialidad criolla y la diáfana sinceridad de los médicos cubanos que ante el llamado de la patria se entregan a su servicio y a su pueblo como mismo lo hacen en la tierra que les vio nacer y que desde ya les asegura el más profundo y emocionante de los recibimientos.