Duele tu ausencia pero pervive tu presencia

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Abr, 2020.- Hoy es día para recordarte más fuerte desde y con el corazón. Hoy es un día para darle gracias a la vida por la oportunidad de haberte conocido. Hoy es un día para rememorar tu sonrisa, tu dulzura inigualable, tu voluntad y mágica manera de ganar seguidores, en eso fuiste magistral al punto de triunfar en todas las contiendas, en la individual y colectiva, en la laboral y familiar, en la existencia toda.

Quiso el destino interrumpir tu andar el 15 de abril de 2019, desde esa jornada pletórica de dolor trascendiste al firmamento y desde allí los ángeles te acogen en su regazo felices de saber que la impronta legada sirve de inspiración a los que en la tierra te ofrendan el homenaje póstumo merecido, y es que tú, Nancy Lorenzo Labrada, naciste para ser sol, día y luna, llegaste a este mundo para contagiar a todos con tu buena vibra, con esa hechizante manera de dialogar y escuchar a los demás. La muerte te arrebató lo sueños más no pudo lacerar el afecto que millones sentimos por ti, cariño que lejos de enflaquecer se fortalece en cada una de las propuesta radiales que por años dirigiste en este medio de difusión masiva, tu primera casa, La Radio.

Duele tu ausencia pero pervive tu presencia en los pasillos de una institución que guarda como gran tesoro tus pasos suaves y firmes, tanta fue tu educación que siempre te vimos como ese ser perfecto y divino, como la madre amorosa y la esposa fiel, como la amiga sincera que nunca puso peros y ante la adversidad encontraba la manera digna y efectiva de batallar y no dejarse vencer, todo eso y más aprendimos de ti, los que justo hoy batimos palmas por tu eterna vida, porque así te vemos y te queremos, perpetua, con tu rostro limpio y puro sin huellas ocasionadas por el paso del tiempo, con esa pasión cálida por el prójimo.

A un año de tu deceso sigues empeñada en brillar ahora desde otra dimensión y tu alma y espíritu permanecen en muchos de los que aún hoy lamentamos y lloramos tu partida, ofendemos y maldecimos a la muerte por lo que hizo, y ovacionamos a la madre vida por la satisfacción de saber que fue, es y siempre será un orgullo y honor ¡El haberte conocido!

Donde quiera que estés en el infinito, lleguen hasta ti las sempiternas gracias por ¡Existir!


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