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Venezuela, la maldición del petróleo

Los últimos acontecimientos en Venezuela parecen propio de un filme de acción, solo que en esta vez no hay ficción y todos los hechos conducen a la vida real y el director de la película es el propio presidente de los EE.UU. Donald Trump.

Trump ha demostrado no ser amigo ni de sus aliados políticos de la Otan, al querer expandir territorialmente un imperio militar cuya hegemonía económica mundial ha sido desplazada lentamente por el poder económico de China.

El secuestro del presidente constitucional de Nicolás Maduro y llevarlo hasta los EE.UU. ha sido una violación del Derecho Internacional, entre otras razones, porque un mandatario en funciones tiene inmunidad y no puede ser juzgado.

¿Qué pasaría si Vladimir Putin hiciera la misma operación en Ucrania y secuestraría a Zelinki para llevarlo a Moscú, donde lo juzgaría por su posición fascista contra Rusia?

El escandalo sería internacional y aumentarían las sanciones contra Moscú, como lo siguen haciendo, para disminuir el poder económico de una potencia económica y militar como Rusia.

Al tener Venezuela la reserva de más de 300 mil millones de barriles de petróleo la convierte en un territorio codiciado para los intereses del gobierno de Trump y las transnacionales estadounidenses.

Se sabe que el petróleo va escaseando y los EE.UU. se están quedando sin el combustible fósil por lo cual gastan más de mil millones de dólares diarios para comprarlo y mantener la sociedad consumista que está consumiendo mucho más electricidad con el desarrollo de la Inteligencia Artificial.

Trump se rodeó de magnates cuando asumió su segunda presidencia, es amigo íntimos de los magnates, cena con magnates, juego al golf con magnates y su equipo presidencial está integrado por millonarios, lo cual demuestra que más que político, es un magnate en el ejecutivo.

Y como presidente magnate tiene que responder a los billonarios que le regalaron dinero para lograr su ansiado retorno a la Casa Blanca, donde salió humillado cuando triunfó Joe Biden.

Está claro que quien traicionó a Maduro se encuentra en el entorno cercano al mandatario que valoró más los 50 millones de dólares que pagaban por entregarlo que la soberanía de Venezuela y la vida de un político elegido por su pueblo.

Se sabe que toda guerra se desarrolla bajo un pretexto político, pero su objetivo siempre es el económico y esta vez la Casa Blanca lo ha demostrado bajo argumentos que no se sustentan en ninguna prueba.

Lo que molesta a la Casa Blanca no son los 25 años de Maduro en el poder sino las buenas relaciones políticas y comerciales de Miraflores con Cuba, Nicaragua, Rusia, Irán y, sobre todo, China, cuya nación compra el petróleo venezolano con yuanes y no dólares, lo cual alimentaba el intenso desarrollo de China como super potencia económica mundial que ya es.

No le perdonaron a Kadafi que vendiera a Europa el petróleo en euros y tampoco le perdonan a Maduro la venta de oro negro en yuanes, porque disminuye el poder de dólar estadounidense, garantía de la hegemonía economía mundial de Washington desde el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando se optó por el dólar como moneda pincipal para el comercio mundial.

Y para ello el magnate presidente no escamita en violar las leyes internacionales, en no consultar al Congreso de su propio país para declarar la guerra a Venezuela, y obvia a las Naciones Unidas porque sabe que, desde el punto de vista jurídico, no puede hacerlo.

La defensa de Nicolás Maduro sigue en desarrollo y se espera que la estrategia legal  defina los próximos pasos del proceso judicial, porque estos hechos recuerdan lo que le pasó a Lula en Brasil, donde fue finalmente liberado por no tener sustento legal.

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