José Antonio Echevarría nos convoca a subir

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José Antonio Echeverría. El 16 de julio de 1932  en Cárdenas, Matanzas, un llanto de niño se escuchaba por vez primera. La familia regocijada de alegría vio nacer al pequeño José Antonio  Echeverría Bianchi,  nombre del primer retoño de Antonio Echeverría González y Concepción Bianchi Tristán.

 

El tiempo y su impecable avance lo transformaron en un joven capaz de sacar adelante cualquier proyecto a pesar de la oposición de Fulgencio Batista.

Antiimperialista de pura cepa, Manzanita, como le apodan sus compañeros por el color sonrosado de su cara, demostró  en sus cortos años de vida su madurez, su enorme capacidad a la hora de tomar una decisión y sostenerla, razones suficientes para que aprendieran a amarlo y respetarlo al punto de confiar ciegamente en él, en su amor por Cuba, en su fe en el triunfo.

José Antonio Echeverría fue designado presidente de la Asociación de Estudiantes de la Facultad de Arquitectura. En el año 1955 volvió a ser elegido para este cargo por su espíritu de lucha, su intrepidez y arrojo. El fundador del Directorio Revolucionario en 1956, viaja a Chile y asiste a un congreso de estudiantes latinoamericanos, recorre varios países y denuncia en cada uno de ellos el régimen de terror impuesto en Cuba por la tiranía batistiana. Ese mismo año en México participa junto a otros integrantes del Directorio Revolucionario y dirigentes del Movimiento 26 de Julio, en una reunión organizada por el comandante Fidel Castro Ruz.

El 13 de marzo de 1957 José Antonio junto a otros dirigentes del Directorio Revolucionario atacan el Palacio Presidencial y toman la emisora Radio Reloj.  Aquel día del tercer mes del año resultó histórico y a la vez triste, el joven que parecía de mármol blanco perdía la vida cuando se dirigía a la Universidad de La Habana, una bala enemiga entorpecía para siempre sus ilusiones.

En esta jornada cuando rememoramos el 80 aniversario de su natalicio revivimos su amor patrio, su ternura, su inquebrantable ideal, su tierna sonrisa, su manera de visualizar el hecho que emociona, el atardecer que reconforta, la imagen humana, límpida y digna de soñar el futuro.

José Antonio Echeverría legó a los jóvenes de hoy la fortaleza de luchar para ser feliz, la satisfacción de sentir que el mejor triunfo es tener el derecho de exclamar: Mi país es libre y a él me debo y el enorme gozo de saber que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir.


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