¿Qué dijeron los Mayas al respecto? ¿Habrá alguna alineación planetaria o cósmica? ¿Llegará algún fluido u onda desde el centro de la galaxia que influya en la vida de las personas?
Ciertamente, no. Como en tantas ocasiones anteriores -recordar las varias versiones catastróficas que circularon durante el siglo pasado y más recientemente cuando el cambio de milenio- el tema ha sido manejado por personas inescrupulosas que aprovechan la ingenuidad y falta de conocimiento de muchas personas sobre cuestiones astronómicas y físicas.
A ello contribuyen los medios de comunicación masivos, interesados en las ganancias que le reportan la circulación de tales especulaciones. Para no ocupar espacios con nombres y obras de este tipo, sólo pondremos el ejemplo de la famosa película estadounidense “2012”, que hizo época en el 2009, o los escritos de un “artista, poeta y visionario histórico” que con su misticismo juega con el desconocimiento de las personas y su interés por un mundo mejor, y que ya en 1987 anunció que según los mayas en agosto de ese año habría una “Convergencia Armónica Galáctica”.
Ahora la propaganda se afianza en otra supuesta profecía maya, o en el mejor de los casos en una interpretación equívoca de sus calendarios.
La civilización maya, que aún sigue siendo un misterio al que contribuyeron los conquistadores y evangelizadores con la quema y destrucción de los escritos y otras obras de esta fabulosa cultura, es ubicada por los estudiosos entre los años 1000 A.C. y 1542 D.C. aunque algunos hallazgos en Centroamérica dan cuenta de su presencia en tiempos tan remotos como el año 2400 A.C. El área geográfica donde se asentaron principalmente va desde la península de Yucatán, en México, hasta Honduras. Su período más fecundo, su apogeo, llamado Período Clásico, transcurrió del año 250 D.C. al 900 D.C.
Los mayas fueron geniales matemáticos. Utilizaron el cero primero que ninguna otra civilización en el planeta y su sistema de numeración les permitía representar grandes cifras con pocos símbolos. Mediante esos fundamentos matemáticos pudieron llevar registros muy exactos de sus observaciones astronómicas, las que al igual que en otras civilizaciones antiguas, estaban vinculadas con la agricultura, los ciclos climáticos y con sus creencias religiosas, cosmológicas y adivinatorias.
Esas observaciones les permitieron hacer calendarios muy exactos, lo que se ha conocido por lo poco que se salvó de la intolerancia religiosa de los representantes de la iglesia (cuatro Códices, conocidos como el de Dresde, el de París, el de Madrid y el Grolier, este último en México) y las estelas y monumentos que quedaron.
De dichos calendarios, los más importantes son el solar, de 360 días más otros cinco considerados fatales, y el sagrado, de 260 días. Según los estudiosos de esta cultura, en el año 249 A.C. los mayas realizaron el ajuste que más de dos siglos después haría Julio Cesar al calendario romano, introduciendo un año de 366 días cada cuatro años. Más notable aún es que en el año 775 D.C. los sabios mayas, en una reunión en Copán, en la actual Honduras, volvieran a reformar el calendario, lo que se hizo en Europa por el Papa Gregorio XIII nueve siglos después y que es por el que nos regimos actualmente. Otro punto a favor de los mayas es que su calendario produce un desajuste de un día en 5263 años, mientras el gregoriano lo tiene cada 3225 años.
Por otro lado, al igual que otros, el calendario maya tiene espacios de tiempo. En el gregoriano tenemos el año, el lustro, la década, el siglo, el milenio; en el maya tenemos el tun, el katum y el baktum, este último equivalente a 144 000 días, aunque además en algunas inscripciones nombraron el pictum, equivalente a 20 baktum. También, de forma similar a como lo hicieron otros pueblos, ellos marcaron el inicio de éstos por algún significado importante en sus creencias. En el gregoriano, por ejemplo, el comienzo parte del nacimiento de Jesucristo (por cierto que hoy se conoce que hay una diferencia de cuatro años entre la fecha real del nacimiento y la tomada para el calendario, además de la inexactitud al numerar el primer año).
Por una estela hallada en Quirigua, Guatemala, datada en el siglo VIII de nuestra era, conmemorando el inicio del baktum 13, los expertos han calculado que el calendario maya comenzó el 11 de agosto del año 3114 A.C. –tal vez creían que ahí comenzó el universo o el nacimiento de su pueblo- y que dicho baktum concluye el 21 de diciembre del año actual; el día y año que nos ocupa. Realmente al final de ese baktum no se le dio importancia hasta 1975, año en que otro romántico y especulativo autor dedujo –no sabemos exactamente cómo- que al final del mismo el mundo se destruiría y volvería a renacer, aunque su pronóstico fue para el 24 de diciembre del 2011.
Algunas estelas mayas hablan de fechas posteriores al 21 de diciembre sin asociarlo a ningún hecho notable, humano o astronómico, y no hay evidencia que vieran en esa fecha algo trascendente o catastrófico. Tampoco hay ningún anuncio, ya que no tenían la tecnología para ello, de alineaciones planetarias -hasta después de la invención del telescopio, en el año 1609, no fueron descubiertos Urano, Neptuno y Plutón- ni galácticas.
Respecto a las alineaciones que se pueden producir de dos o más planetas, y que son previstas desde mucho tiempo antes por los principales observatorios del planeta, no hay ninguna a la vista ni habrá ningún eclipse que nos quite la luz del Sol. Adicionalmente, cuando se han producido alineaciones, no se han detectado disturbios en la Tierra, ya que por su lejanía no influyen en nuestro planeta como la Luna o el Sol.
Tampoco, según dichas instituciones, el Sol se alineará con la Tierra y el centro de la Vía Láctea, e incluso hasta dentro de 200 años no habrá un acercamiento a tal evento.
En cuanto a cometas o asteroides en los alrededores de nuestro planeta, sólo el “pequeño” asteroide Touttais (4.5 x 2.4 x 1.9 kms) estuvo en su entorno entre el 11 y el 14 del mes actual, en su recorrido cuatrienal alrededor del Sol. En esta ocasión pasó a 6.9 millones de kms., más lejano que su antepenúltimo pase en el 2004 (la Luna está a 384 000 kms. como promedio). No constituye un peligro, por lo menos en los próximos 600 años, y lo más probable es que sea expulsado del Sistema Solar.
Por su parte, Ceres, el mayor de los asteroides, y Vesta, el de más brillo, pasaron en estos días por sus puntos más cercanos a la Tierra, pero a más de 200 millones de kms. No se avizora que ninguno de los asteroides mayores constituya un peligro para nosotros.
Pero puede disfrutarse mucho en la noche y madrugada del 21 de diciembre, si la entrada ese día del frente frío anunciado lo permite. En esa fecha ocurrirá el solsticio de invierno en el hemisferio norte (el día más corto y la noche más larga, el comienzo del invierno) y el solsticio de verano en el hemisferio sur (el día más largo y la noche más corta, el inicio del verano). A primera hora de la noche podrá observarse a simple vista a la Luna en su cuarto creciente, más tarde a Júpiter alto en el cielo (después de la Luna el objeto más brillante) y si puede trasnochar, podrá ver a Venus (lo más brillante en el cielo antes del alba, a Saturno y a Mercurio. Todos estos planetas eran identificados por los antiguos a simple vista, muchos siglos antes, e incluso milenios, de la invención del telescopio.
¿Podrá usted hacerlo?