Decir Ernesto Che Guevara, es decir Comandante guerrillero, amigo solidario, internacionalista inmortal. Estos apelativos se complementan y forman un pueblo íntimamente ligado a los ideales de libertad y justicia plenas.
En el 48 aniversario del asesinato del Che en tierras bolivianas, la patria cubana prevalece ante el lento correr del tiempo y solidifica con pujanza en el hombre nuevo, lazos de hermandad, camaradería y patriotismo, valores identitarios del argentino-cubano presente en cada lucha y en las batallas por venir.
El guerrillero heroico confió en la suprema gloria, sus valientes lecciones legaron para la posteridad el carácter aguerrido y emprendedor de un ser visionario desde su juventud y hasta su último aliento.
Che Guevara impuso su personalidad. Se manifestó en total desacuerdo con actos de indisciplina y traición, por esas y muchas otras razones cuando se habla del gran admirador de Fidel Castro Ruz, los sentimientos se agolpan al punto de desempolvar expresiones como las reflejadas en su carta de despedida, cuyo texto leyó el líder histórico de la Revolución cubana, el domingo '3 de octubre de 1965', en el acto público donde se dio a conocer el nuevo Comité Central del Partido.
“Digo una vez más que libero a Cuba de cualquier responsabilidad, salvo la que emane de su ejemplo. Que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento será para este pueblo y especialmente para ti. Que te doy las gracias por tus enseñanzas y tu ejemplo, y que trataré de ser fiel hasta las últimas consecuencias de mis actos”.
Cada '8 de octubre', el pueblo cubano y otras naciones del orbe rinden tributo culto a Ernesto Che Guevara. En esta isla que tanto le ama, venera y respeta, bocas fervorosas elevan plegarias al hijo argentino de Cuba en aras de la fe y la devoción que inspiran su ejemplo.
El Che de todos, desde su descanso eterno, guía y entusiasma a viejas y nuevas generaciones con su espíritu soñador y aventurero, entronizados eternamente en el corazón de los que hoy le recordamos y reverenciamos.
La sorprendente historia del Che, prestigiada por su arrojo y valentía, inspira a recordarle toda la vida como el guerrillero cargado de probidad y fe, como el héroe imperecedero que apeló a su fuerza de voluntad para vencer al destino:
¡Lo sé! ¡Lo sé!
Si me voy de aquí me traga el río.
Es mi destino: "hoy voy a morir".
Pero no, la fuerza de voluntad todo lo puede.
Están los obstáculos, lo admito.
No quiero salir.
Si tengo que morir, será en esta cueva.
Las balas, qué me pueden hacer las balas
si mi destino es morir ahogado, pero voy
a superar mi destino. El destino se puede
alcanzar con la fuerza de voluntad.
Morir sí, pero acribillado por
las balas, destrozado por las bayonetas,
si, no, no, ahogado no...
un recuerdo más perdurable que mi nombre
es luchar, morir luchando.