Oct, 2015.- Se corren las majestuosas cortinas, las bambalinas lucen altivas como en busca de un sueño, la música se hace sentir y el proscenio aún oscuro espera la llegada de los artistas. El público atento observa el espacio abierto al ingenio y la creatividad de un grupo de jóvenes dignos herederos de una profesión humana por excelencia y dueña de ese don hecho a los hombres donde voluntad y corazón se juntan y ensueños y amor se fusionan con el único propósito de ver nacer y trascender la obra de arte.
Se encienden las luces, todo está listo, la función va a comenzar. La ovación se mezcla con los primeros acordes de un son cubano, el bailarín deletrea en sus labios la cuenta un dos tres, un dos tres, el paso rítmico y elegante contagia al punto de estimular al auditórium que desde las lunetas no pierde del espectáculo ni un solo detalle.
Cuanto satisface verles danzar y poner en alto el nombre de la cultura cubana, son los instructores de arte, sí, los mismos que en el ayer fueron aficionados y hoy en plenas facultades demuestran cuan bien se nutrieron de la sabia de las viejas generaciones.
En este octubre de emociones, mes donde el Himno Nacional ratifica con más fuerza su condición de símbolo de la nación cubana, y el pueblo todo recuerda a su creador Perucho Figueredo, el homenaje a los destacados resalta en un amplio plan de actividades inspiradas en la importante efeméride.
El aplauso para los hombres y mujeres como Randol Machado Hernández, Yaidenis López Vázquez y Yeider Mejías Puerto, no se hace esperar. Como ellos, muchos otros se muestran ansiosos de contarles a los amantes de la cultura, historias y aventuras fantásticas e invitarlos a penetrar en el universo de los gestos y los movimientos, firmamento donde los oídos se muestran receptivos y los adeptos a la cultura crecen, amplían su espectro cognitivo y aprenden.
En el Día de la Cultura Nacional, vítores para los instructores de arte integrantes de la Brigada José Martí, todo un movimiento juvenil surgido al calor de la batalla de ideas, preceptores siempre prestos a convertir las escuelas en el espacio cultural más importante de la comunidad y extender el amor por el arte a los círculos de abuelos, las cátedras del adulto mayor, a los estudiantes, trabajadores sociales, en fin, a otros sectores de la población que transforman la cultura en la musa encantada que les convoca a no dejar de soñar.

