Sabino Pupo Milián, imprescindible en todos los tiempos

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Sabino Pupo Milián.Nov, 2015.- Llegué a la hora acordada para la entrevista, a su casa en la calle Eudaldo Ávila, en el Consejo Popular Guáimaro Norte. En el recinto ordenado y apacible, muy cerca del televisor encuentras la máquina de escribir con las letras gastadas por las incesantes caricias de dedos y manos laboriosas empeñadas desde hace épocas en legar para la posteridad pasajes valiosos e inolvidables.

Mientras me acomodaba en la comadrita con ese sello inconfundible de retrospectiva, él, el más carismático de mis entrevistados aseguraba sus espejuelos, afinaba su voz y se disponía a responder una a una mis preguntas.

Mi primera inquietud apelaba a conocer la fecha de nacimiento de Sabino Pupo Milián. Dispuesto y seguro respondió que el memorable acontecimiento ocurrió el 19 de marzo de 1895, en san Agustín, jurisdicción de Holguín.

La primera respuesta se adueñó por completo de su alma de historiador y ese amor inmenso le convocó a continuar, atenta escuche cada una de sus exposiciones.

Sus ojos brillaron al desempolvar el recuerdo de Sabino en el Cerro de Caisimú, paraíso donde cantaban casi todos los pajaritos del monte. En aquel entonces, tenía solo cuatro años, edad que le abrió las puertas al interés de conocer quiénes eran Antonio Maceo, José Martí, Máximo Gómez, Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, ‘El Cucalambé’, entre otras figuras imprescindibles en la historia de la isla.

Los pasajes de la guerra retumbaban en los oídos del pequeño que sabía declamar una que otra décima. Transcurrido el tiempo, Sabino creció y en 1921 salió de Caisimú en busca de trabajo. Comenzó a laborar en la Colonia Santa Isabel 306, cada día de quehacer multiplica en el joven campesino el amor por Cándida Rodríguez, joven que despertó su pasión y con la cual contrajo matrimonio en 1923.

La conversación se tornaba cada vez más interesante, una breve pausa interrumpió momentáneamente el comentario. El agradable aroma anunciaba el tiempo justo para degustar la sabrosa taza de café. Sorbo a sorbo bebimos el producto elaborado con mucho amor, sentimiento que nunca faltó a los campesinos cubanos antes del triunfo revolucionario del 1ro de enero del 59’, hombres y mujeres esperanzados en vivir mejores épocas, mejores años.

Presto a proseguir me contó que Sabino y Caridad tuvieron 11 hijos. Aquel padre de familia, seleccionó el camino de la lucha. Les hablaba a los guajiros, les aconsejaba y les recalcaba la necesidad de unirse. En su mente de compatriota rebelde germinó la idea de organizar una cooperativa de consumo.

Poco a poco Sabino empezó a ganarse la confianza de todos y en marzo de 1947 se dispuso a entregar las tierras que el mismo bautizó como tierras liberadas. Esta acción disgustó a la compañía Manatí Sugar Company y sus sicarios al punto de tiempo después asesinarlo, justo el ‘20 de octubre de 1948’, ese día moría el hombre que estaba haciendo un ensayo de reforma agraria.

El campesino que nació en San Agustín, jurisdicción de Holguín, el mismo que vivió en el Cerro de Caisimú y trabajó en la colonia Santa Isabel 306, el luchador hasta su último aliento, que en Camalote, en el antiguo barrio de Santa Lucía o Álvaro Reynoso, se pronunció contra los consorcios yanquis que mediante la guardia rural, desalojaban a los campesinos de sus tierras, dignificó para siempre la historia de Cuba y del territorio donde el ‘10 de abril de 1869’ se forjó la nación.

El contacto no podía culminar sin mencionar el busto de mármol realizado en homenaje al líder campesino, Sabino Pupo Millán, que vivió y murió como siempre quiso, "abrazado sobre la tierra".

Los minutos transcurrieron sin darnos cuenta, la agenda variopinta se cerró, sólo quedaba expresar la palabra mágica ¡Gracias!, sí, gracias al más carismático de mis entrevistados cuyo nombre reservé para el final, Desiderio Borroto Valdés, historiador de la ciudad de Guáimaro, Premio Testimonio del ‘Concurso 26 de Julio’ en el año 1996.


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