Nov, 2015.- Reviso mi stand, cientos de recortes se presentan ante mis ojos, uno de ellos destaca, Chávez y los libros, sí, propuesta del excelente intelectual cubano Pedro de la Hoz, publicada en la página cultural del diario Juventud Rebelde con fecha ‘2 de diciembre de 2006’.
El tiempo ha transcurrido, el escrito poco a poco ha perdido su color original pero jamás su esencia, dirigida a demostrar la relación que siempre existió entre un hombre inimitable y un compañero leal, el libro.
Con palabras profundas y certeras, el periodista enfatiza en cuánto el Comandante Supremo de la Revolución bolivariana leía y se instruía. Conocía al dedillo estrofas llaneras y estampas de hondo folclor.
El inolvidable Jefe de Estado, el mismo que encabezó y puso en marcha innumerables transformaciones vigentes en la Venezuela de hoy, no escatimó tiempos ni posibilidades para demostrarle al mundo que sus dos grandes pasiones eran Simón Bolívar, El Libertador, y la poesía popular de su país.
Al leer lo expuesto por Pedro de la Oz recordé al Chávez enérgico que al dar la noticia de su enfermedad, cantó como nunca a su patria querida. Recordé el rostro inflamado por la reacción de los medicamentos y su gran corazón, que siempre palpitó por el amor hacia los humildes de la tierra.
En el trabajo periodístico destaca la foto del Hugo Chávez lector, el aficionado que no desdeñó la oportunidad de revisar la literatura política y de ciencias sociales, el que en una de sus visitas a Cuba decidió llevarse a casa la antología de poesía de amor realizada por la poetisa santiaguera Teresa Melo, Soy el amor, soy el verso.
El Chávez que prometió nunca irse regresa una y otra vez para continuar siendo devoto a la monumental novela Los miserables, del escritor francés Víctor Hugo. Vuelve con la adarga al brazo para insistir en la cualidad nueva del viento que sopla, pero mueve viejos molinos. Una y otra vez regresa para agradecerle al creador cubano Miguel Barnet su poema dedicado a Ernesto Guevara:
Che/tú lo sabes todo/los recovecos de la sierra/el asma sobre la yerba fría/la tribuna/el oleaje en la noche/y hasta de qué se hacen los frutos y las yuntas. /No es que yo quiera darte/pluma por pistola/pero el poeta eres tú.
Entre Chávez y los libros nació un binomio seguro de trascender, una mezcla de historia, amor y empeño, una fusión que abre caminos en todas las épocas, un golpe de suerte que permite a los que mucho le veneramos y jamás olvidamos conocer de la grandeza de un amigo que luchó hasta su último aliento contra la hostilidad del imperialismo y la reacción interna.

