Educadora guaimareña amante de su profesión

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Hay maestros que dejan huellas para toda la vida.Nov, 2015.- Olga Laguna Sifonte, acumula 45 años de experiencia como educadora de la enseñanza primaria en Guáimaro, profesión que enaltece con la fuerza de su ejemplo y con ese don de desbordar todo su instinto maternal hacia los alumnos, para ella, también hijos a los que hay que educar, formar, amar y respetar.

 

“Para mí es muy importante guiarlos por el buen camino, sí, por el sendero que conduce a los valores sociales imprescindibles en la formación de hombres y mujeres de bien, considero que esa es la principal función de un pedagogo. La familia y los padres son insustituibles, por eso me transformo en parte de la familia de los niños y niñas que no me ven solo como la maestra sino como una verdadera amiga”, confiesa Olga.

Esta mujer dulce y cariñosa no desdeña la oportunidad de declarar que la ternura infantil le recompensa tanto como los buenos resultados académicos de sus estudiantes “ellos están dentro de mí, en el tiempo libre dialogamos, recordamos anécdotas, comentamos acerca de los juegos, las canciones, los eventos, los concursos de lectura, sobre el respeto a los adultos y a los abuelos y poco a poco siento como cada día se suman con más fuerza a mi patrimonio afectivo”.

Olga labora en el centro primario Joaquín de Agüero y Agüero, allí imparte clases a pioneras y pioneros del primer ciclo, tanto ama lo que hace que al cumplimentar su etapa de trabajo optó por no quedarse en casa, con sus 60 años de edad se reincorporó a las aulas, sitio donde responde al noble propósito revolucionario de preparar al hombre nuevo para la vida futura.

Siempre -explica- mantengo el contacto con los padres de mis discípulos, me gusta conocer cómo se relacionan en la casa, así se fortalece la química que nunca debe faltar entre los progenitores y el maestro, entre la comunidad y la escuela. Esto contribuye al bienestar de los niños y las niñas y también al sentido primordial de toda institución educacional, educar para bien de todos, para bien de la humanidad.

Con su admirable elocuencia la protagonista de esta historia cuenta que tiene una sola hija, Imandra, así se llama. Su esposo Andrés Oropesa le ayuda en los quehaceres hogareños, se siente satisfecha porque quienes le rodean han aprendido como ella a conocer la maravillosa acción de la existencia humana sobre la tierra. Ama la brisa del campo, gusta de las montañas, de escuchar el sonido de los animales, ve en la poesía el paisaje que conduce hoy y siempre a ese paraíso terrenal que tiene por nombre Cuba.

Olga vuelve una y otra vez a la pizarra, escribe la fecha, el nombre de la asignatura que le corresponde impartir, mira a sus alumnos, sonríe y les promete estar junto a ellos mientras tenga fuerzas. No demora el impacto, sus estudiantes corren a abrazarla, la colman de besos, flores y frases bonitas, de las mejillas de la profe desbordan lágrimas, con la voz entre cortada Olga Laguna Sifonte expone “Nací para esto, ser educadora me llena de placer”.        

 

 

 

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