Pedagogos del difícil arte de dirigir

Pedagogos del difícil arte de dirigir

La Habana, dic.- Con una dosis significativa de amor y de gratitud, este 22 de diciembre las rosas, los ramos de flores, las postales, y cuantas formas haya de felicitación humana volverán a llenar espacio dondequiera que se encuentre un maestro, un educador.

Resulta común desde aquella campaña que, a ritmo de faroles, cartillas, manuales, lápices y mucha pasión, hizo posible la alfabetización de miles de personas que hasta entonces no sabían escribir ni su propio nombre sobre una hoja de papel.

Sucede –y no muchos lo sabemos– que, a finales del año anterior (2 de diciembre de 1960), despegaba otra experiencia no menos estratégica en términos de conocimiento, educación, cimentación de bases para edificar una sociedad raigalmente nueva: el Sistema de Instrucción Revolucionaria.

No bastaba con que todo el mundo supiera leer y escribir. Era vital, además, que quienes asumían funciones de dirección adquiriesen una preparación cada vez más sólida, en virtud de las particularidades del momento y de los desafíos que en el futuro trazarían la vida interna del país y la agresividad ideológica y política de un enemigo que jamás olvidaría la limpia bofetada de la historia en pleno rostro.

Desde el principio, Fidel y el Che habían advertido la necesidad de preparar bien a los cuadros.

Pero, volviendo a este 22 de diciembre, vale preguntarnos si en cada cuadra, barrio o comunidad tenemos iguales muestras de gratitud hacia los miles de hombres y mujeres que integran la red de escuelas del Partido, continuadora de aquel Sistema de Instrucción Revolucionaria que Fidel le sacó al enemigo de la manga de su camisa verde olivo.

Da la impresión, ojalá falsa, de que no siempre ni en todas partes tenemos presente, en igual medida, a esos educadores que también dedican noches y madrugadas a la autopreparación en complejos temas de la realidad nacional e internacional, a planificar clases, conferencias y otras actividades concebidas en un programa que integra contenidos de Teoría de Dirección, Economía, Historia, Relaciones Internacionales, Sociología, Sicología, Comunicación Política… para que quienes dirigen, sea cual sea el sector o la instancia, no lo hagan «a oscuras» o peor: «a ciegas».

Dirigir no es improvisar, es pura ciencia; por ello, las escuelas del Partido (en provincias y municipios), junto a la Ñico López (devenida Universidad desde 2023, conforme al Decreto-Ley 72 del Consejo de Estado), aseguran una formación universitaria para el pregrado y el posgrado de cuadros tanto políticos como de organizaciones de masas y del Estado.

Y todo ello descansa en la labor, por lo general anónima, de profesores, licenciados, másteres, doctores, tan pedagogos como los que laboran en todas las demás enseñanzas o en esas universidades de las que egresan cada año miles de profesionales.

Imposible obviar que esos claustros han sido artífices también de la preparación recibida aquí por alumnos de varios países hermanos.

Cierro con un hermoso y paradigmático pasaje, revelador de la trascendencia que Fidel siempre le concedió a la cultura general, integral y a la preparación política de quienes hicieron la Revolución, la dirigieron y continúan con sus riendas:

Isla de Pinos, Presidio Modelo, año 1953. El ocio no existe para el grupo de jóvenes confinados allí tras los sucesos del Moncada. ¿Será que los libros también guardan prisión? La lectura alimenta más que el plato de comida salcochada. El guardia que observa debe pensar que están locos de remate. Infeliz. Esos libros son tan o más peligrosos que las armas con que los mismos «muchachos» se lanzaron contra los muros de la fortaleza militar.

(Tomado de Granma)

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