Feb, 2026.- El alcoholismo no es un simple hábito: es una adicción que somete y encadena a quienes pierden el control, transformando la bebida en dependencia. Con el tiempo, deteriora la salud física y mental y deja cicatrices profundas en la vida de las personas.
El exceso de alcohol —llamado también droga portera— destruye el organismo, golpea la economía familiar y resquebraja los vínculos más íntimos: parejas, hijos, hermanos. El afecto se debilita, las amistades se rompen y la convivencia comunitaria se vuelve difícil, marcada por conflictos y desconfianza.
En Guáimaro, el Centro de Salud Mental Celia Sánchez Manduley brinda atención especializada a quienes buscan liberarse de esta adicción. Allí, un equipo profesional recibe con sensibilidad y compromiso a los pacientes que deciden iniciar el camino hacia la recuperación.
Hoy, los grupos de tratamiento han aumentado, reflejo de las características del territorio guaimareño, eminentemente ganadero y con escasas opciones de recreación sana, sobre todo en los fines de semana. Esta realidad incrementa la vulnerabilidad de la población frente al consumo de alcohol. (Foto tomada de Internet)
