Feb, 2026.- Visitar el lugar donde transcurrieron mis años de bachillerato no fue solo un motivo de orgullo, sino un viaje íntimo hacia la nostalgia. Cada rincón me devolvió la imagen de amistades entrañables, de maestros sabios que sembraron luces en mi camino, de trabajadores honrados que con su ejemplo marcaron una época irrepetible. Aquellos días, tejidos de aprendizajes y afectos, permanecen intactos en la memoria, como páginas que se niegan a borrarse.
Caminar por esos espacios es reencontrarse con la juventud, con la inocencia de los primeros sueños y la fuerza de las esperanzas que entonces parecían infinitas. Es sentir que el tiempo no logra apagar la huella de quienes nos acompañaron en la formación, porque cada palabra, cada gesto y enseñanza se convirtió en raíz de lo que hoy somos.
Más que un recuerdo, retornar al Instituto Preuniversitario Levantamiento de Jucaral, hoy convertido en una institución empeñda en formar a los futuros técnicos medios y obreros calificados de la región, es una certeza: la vida se construye sobre esos instantes que parecían cotidianos y que ahora revelan su grandeza. Allí aprendí que la educación no es solo conocimiento, sino también humanidad, solidaridad y compromiso. Por eso, regresar es abrazar la esencia de lo vivido, agradecer lo recibido y reconocer que la nostalgia, lejos de ser tristeza, es un homenaje al pasado que nos sostiene.
