Guáimaro, 25 feb.- El abasto de agua, un tema que en Guáimaro acapara la atención por lo complejo y sensible, deviene examen permanente para los trabajadores de la Unidad Empresarial de Base (UEB) de Acueducto y Alcantarillado del territorio.
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Hoy representa un desafío que el líquido llegue a su destino en medio de restricciones severas de combustible, escasez de piezas de repuesto y una agravada situación energética como consecuencia de las medidas de Estados Unidos contra Cuba.
Al director de la UEB, Enrique Pérez Otero, le resulta difícil abordar el asunto porque las soluciones definitivas dependen, en buena medida, del respaldo energético a la planta potabilizadora y de recursos que el bloqueo impide lleguen al país. Él y su colectivo prefieren hacer, aun cuando las jornadas les roben el sueño.

“A los problemas que tenemos, o hemos tenido, les hemos buscado solución”, dice convencido de que las dificultades exigen esfuerzos superiores.
Agua sobre ruedas
Las circunstancias obligan a adoptar medidas para el suministro a los guaimareños, sobre todo cuando el problema del combustible repercute en el abasto a la población mediante pipas.
Servicios básicos como los del hospital, la Casa de Abuelos, los hogares de ancianos y materno, y seminternados tienen prioridad, si bien el ciclo de distribución a las entidades ronda los siete días. Acerca de este asunto, Pérez Otero explica:
“Por ejemplo, al círculo infantil le tiramos casi siempre los domingos para que el lunes puedan ejercer las labores ahí. Entonces, no le echamos más hasta el otro domingo.”
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Sobre el aseguramiento al hospital, aclara:
“Tenemos buena comunicación y según la situación que tengan con el agua, es la cantidad de pipas que nosotros les tiramos. El ciclo puede ser más corto, o un poco más largo; depende también del fluido eléctrico porque, si nosotros bombeamos, le cae rápido agua al hospital.”
En cuanto a comunidades como Galbis y Monte Grande, por la lejanía de la cabecera municipal, la frecuencia de la provisión se alargó a 15 días, pudiendo variar en dependencia de la disponibilidad de combustible para el traslado de las pipas.
Del bombeo al suministro
En respuesta a la duda de por qué el agua no llega a algunos barrios de la cabecera municipal aunque haya fluido eléctrico y Acueducto opere sin contratiempos, el director de la UEB explica las razones técnicas que determinan esa realidad.
“A nosotros nos ponen la corriente y tenemos que esperar por Jobabito, que nos abastece, para poder empezar a bombear a la población.”
La operación toma su tiempo: de 45 minutos a una hora demora en llegar el líquido a la planta desde la presa; después, se deben llenar los sedimentadores, rellenar la cisterna y, por último, comienza el bombeo. Según el directivo, hacen falta más de 15 o 16 horas con electricidad para abastecer a toda la demarcación.
“A veces nos dan cuatro horas de corriente nada más. Si quitamos una hora de Jobabito, nos quedan tres. No nos da la suficiente energía para poder darle a todo el mundo”, aclara.
Para Aleida Arias Gómez, vecina del reparto Progreso –donde se ubica Acueducto–el lapso entre el inicio del bombeo hasta la llegada de algunas gotas a su hogar resulta incierto.
“Antes, apenas ponían la corriente, más o menos en una hora ya empezada a caer agua en la llave, pero últimamente se está demorando un poco: dos, tres horas, hasta cuatro. A veces ponen la corriente y por la madrugada es que empieza a caer un poquito de agua”, afirma.
Si bien las dificultades en la generación eléctrica afectan el proceso, también influyen las características de la infraestructura hidráulica local. Al respecto esclarece Pérez Otero:
“Lo otro es que las redes del municipio se vacían y, entonces, tienen que empezar a llenar de atrás para adelante. Hasta que todo el sistema se llene no coge presión el agua."
Guáimaro Sur figura entre los más afectados, “por eso los apoyamos un poquito más con el combustible que nos entra para ponerle agua en pipas”, refiere.
Manos firmes contra impedimentos
Los obreros de la planta potabilizadora Enrique Hart Dávalos, adscrita a la UEB de Acueducto y Alcantarillado guaimareña, conocen bien de sacrificios. Sin tiempo para lamentos, acumulan jornadas en las reparaciones, cada vez más frecuentes por el desgaste de los equipos.
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El motor de la planta causó desvelos, la turbina les ha sacado algunos sustos y la válvula antirretorno de la bomba, conocida como “cheque”, requirió un cambio al no retener el agua.
La adecuación de una pieza similar a esta última unió las fuerzas de Alexey Gómez Prado, Wilfredo Acosta García, Leider Suárez Cabrera, algunos piperos y otros colaboradores. Luego de verificar una junta artesanal para el montaje, entre todos lijaron la superficie, zafaron y ajustaron los gruesos tornillos, y no descansaron hasta comprobar el éxito de la tarea.
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“Yo soy el camionero”, respondió Alexey con la certeza de que los años de oficio en la mecánica del transporte le avalan como innovador y gestor de soluciones, a lo que agrega Pérez Otero:
“Podemos decirle que nosotros estamos ahí y si hay una rotura, vamos para ahí, sea de día, sea de noche, sea a la hora que sea. Y nos fajamos y guapeamos, apoyándonos también en el taller central; ellos nos ayudan mucho”, destaca.
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Las limitaciones siembran obstáculos, pero a los trabajadores de Acueducto les parecen retos que prueban su persistencia, capacidad de resolución y optimismo. Saben de carencias, y de cuánto el pueblo espera de ellos para que el agua llegue a su destino.
(Fotos de la autora)
