Feb, 2026.- Guáimaro no se limita al espacio urbano de la villa; es una comarca que se extiende sobre sabanas y colinas ondulantes, de donde han surgido, con el tiempo, otras comunidades con rasgos urbanos. Estas conforman un subsistema de ciudad con historias que narrar y memorias que preservar. Dichas remembranzas se han mantenido gracias a la labor constante de cronistas e investigadores, algunos considerados intuitivos, pero que en realidad son auténticos historiadores. En las siguientes líneas se ofrece un recorrido por sus nombres, para más adelante detenernos en cada uno de ellos.


Entre los núcleos que integran la comarca guaimareña, Cascorro destaca por poseer una trayectoria más prolongada. Su primer cronista fue el capitán mambí Nicanor Lapinet, quien inició la recopilación de la historia local. Posteriormente, Víctor Somonte elaboró una obra inédita sobre el poblado y reunió numerosos documentos valiosos. La cascorreña Mariem Gómez Chacour, desde muy joven, recogió testimonios y leyendas de su pueblo, parte de los cuales plasmó en su libro Un soplo de niebla en la llanura. A su vez, el profesor Ricardo Salazar, cascorreño por adopción, ha investigado profundamente las raíces históricas y culturales de la localidad, sacando a la luz segmentos esenciales de su pasado.

El poblado de Palo Seco, con más de un siglo de existencia, cuenta con la narradora Niurka Álvarez como su principal guardiana de la evocación. Sus estudios abarcan la vida cotidiana, las tradiciones, la arquitectura y, de manera especial, el ferrocarril como eje del desarrollo de la comunidad. Gracias a su trabajo se han rescatado documentos y preservado recuerdos fundamentales de la zona. Por su parte, Martí tuvo como relator a Juan Roberto Rodríguez, quien durante décadas registró la vida diaria de su pueblo, dejando constancia de su devenir histórico.


De regreso a Guáimaro, es imprescindible mencionar a Yaniesky Trecus, directora del Museo Municipal Casa de la Constitución e investigadora del patrimonio, los monumentos, los estudios de género y las guerras de independencia. Junto a ella trabaja Raíza Lara, curadora de los fondos de la institución, quien ha rescatado leyendas de mujeres guaimareñas, tanto reconocidas como anónimas, que han contribuido al avance regional. Sus monografías y ponencias han sido presentadas en numerosos eventos. Este equipo de historiadores ha permitido, con el paso del tiempo, salvaguardar la memoria histórica de Guáimaro en toda su riqueza. (Foto tomada de Internet)
