May, 2026.- Mamá, papá, abuelos y abuelas ríen con las ocurrencias de los pequeños de casa. Sienten alegría al saber que aprenden a leer y escribir, llenos de regocijo respiran profundo cuando los chiquilines poco a poco dejan de ser niños y se transforman en jóvenes.
La familia los ve nacer, crecer y desarrollarse.
Las niñas optan por imitar a las madres y se miran una y otra vez al espejo, cepillan el cabello, se ponen los zapatos de tacones más altos, el vestido más reluciente y no olvidan los imprescindibles atuendos para lucir, en el juego, más hermosas.
Los varones corren a tomar de los armarios las corbatas más elegantes, los trajes que denotan al hombre esbelto, los calzados más brillosos de papá y todos los adornos que dan el toque acogedor al conjunto.
Esas fantasías y más resurgen a través del amor, sentimiento que cobija a las familias, valor humano que una y otra vez se declara necesario para fortalecer la confianza, el diálogo, la serenidad, el perdón, el olvido de episodios desagradables y, lo más importante, la posibilidad de que los más experimentados nutran a los más jóvenes con la sabia que los hace intrépidos, los convoca a adquirir el sentido de la responsabilidad y los enseña a enfrentar la vida con fe, felicidad y humorismo.
En este Día Internacional de la Familia, valen las sugerencias e iniciativas que ayudan a fomentar la frescura y el más valioso de los milagros: la armonía en casa, la empatía familiar; solo ellas propician la manera de estar juntos, la aceptación sin reservas, la conciencia de ser socialmente importantes.
