Nov, 2025.- El más oriental de los territorios camagüeyanos se engrandece cuando se pronuncia su nombre, porque en él late la esencia de un pueblo que sabe agradecer a quienes lo hicieron fuerte. José Ramón Cuquejo no solo rescató historias y preservó leyendas: convirtió cada una en luz, en guía, en semilla que florece en las nuevas generaciones, recordándonos que la cultura es raíz y sostén de identidad.
No fue únicamente un zapatero ni un cronista de su tierra; fue guardián de la memoria guaimareña, puente vivo entre el ayer y el hoy, un hombre que amó con la misma intensidad con la que defendió las tradiciones de su pueblo. En sus ojos se reflejaba la ternura de un esposo fiel, la paciencia de un padre ejemplar y la dulzura infinita de un abuelo que regaló cariño sin medida.
Este 29 de noviembre de 2025, en el instante de su despedida y tránsito hacia la inmortalidad, quedó grabada una verdad que nos acompañará siempre: su voz, su ejemplo y su entusiasmo seguirán latiendo en los corazones de quienes tuvieron el privilegio de conocerlo.

El homenaje perpetuo que se le rinde no es solo justicia, es gratitud sincera y eterna. Porque José Ramón Cuquejo nos enseñó que vivir es también cuidar la memoria, y que amar la tierra natal puede ser la más noble de las trincheras. Su legado nos recuerda que la grandeza de un hombre se mide en la huella que deja en su gente, y la suya permanecerá, viva y luminosa, en Guáimaro y más allá.
