Feb, 2026.- En el más oriental de los territorios camagüeyanos, donde la historia se borda con hilos de memoria, las costureras son guardianas silenciosas de la tradición. Cada puntada que atraviesa la tela es más que un oficio: es un acto de resistencia, un gesto de amor que convierte lo cotidiano en símbolo.
Sus manos, curtidas por el tiempo, transforman retazos en vestidos, ilusiones en realidades y silencios en canciones de aguja. Allí, entre tijeras y telas, se construye un universo donde la paciencia se vuelve arte y la creatividad se convierte en legado.
Las costureras de la región no solo confeccionan prendas; ellas sostienen la identidad de un pueblo. En cada dobladillo se esconde la dignidad de quienes, sin estridencias, saben dar forma a la belleza y al decoro. Su labor, muchas veces invisible, es la raíz de una cultura que se mantiene viva gracias a la constancia y al ingenio.
Celebrarlas es reconocer que la aguja y el hilo también protagonizan leyendas. Porque en cada puntada se corrobora la fuerza de la comunidad y se perpetúa la impronta de un oficio que, lejos de extinguirse, ilumina el presente con la luz de lo auténtico. (Foto tomada de Facebook)
