Feb, 2026.- No es un lugar cualquiera, es un ser vivo que respira en cada piedra, en las calles, en la mirada que la contempla. En pleno siglo XXI se levanta majestuosa, generosa y entrañable, guardiana de secretos y relatos que invitan a adentrarse en su esencia, la misma que sabe a pueblo y a memoria compartida.
En su calendario marca 512 febreros, y aunque antigua, se muestra joven, fresca, con un rostro que estremece. Por siempre sencilla y alegre, se declara madre suprema, pletórica de hijos que la veneran, infantes que juegan bajo su cielo, jóvenes que defienden sus raíces y adultos que sostienen con orgullo la energía encendida sin temer a las más fuertes de las tormentas.
En la jornada marcada por el número dos, en el segundo mes de cada año, se viste con elegancia y, al mismo tiempo, se desnuda ante la mirada de quien la descubre. En cada aniversario, la protagonista de esta página reafirma su capacidad de trascender y convocar a cientos, miles de corazones que acuden a su encuentro.
Entre magia, luz, cultura y tradición transcurren sus segundos, minutos, horas. Los que la honran con orgullo la reverencian.
Este lunes despertó más radiante que nunca. En esta fría mañana invernal se enciende la llama que ratifica su resistencia y empeño de permanecer vívida por siglos.
No hay equívocos; la otrora villa de Santa María del Puerto del Príncipe, hoy Camagüey, es esa novia que todos desean, la que se guarda en fotografías, afiches, o simplemente en lo más profundo de las almas.
Para la urbe de los tinajones y las vetustas iglesias, para la tierra del mayor Ignacio Agramonte y Loynáz, en este su nuevo cumpleaños, ¡felicidades! (Foto tomada de Internet)
