Mar, 2026.- La Constitución cubana, en su capítulo cuarto, artículo 38, establece con claridad el deber de los padres de garantizar alimento, protección y acompañamiento en las aspiraciones legítimas de sus hijos, además de participar activamente en su educación y formación integral dentro de la sociedad socialista. A su vez, los descendientes tienen la obligación de respetar y apoyar a quienes les dieron la vida.
Más que un mandato legal, este principio se convierte en inspiración para las familias guaimareñas, que asumen la responsabilidad de formar ciudadanos conscientes, capaces de defender intereses colectivos, fortalecer valores y alcanzar metas personales. En ese empeño, se ratifica la idea de que la utilidad social y la felicidad individual no son caminos opuestos, sino complementarios.
En la tierra donde nació la Carta Magna, la familia se concibe como espacio de entendimiento y respeto mutuo. Padres, hijos, abuelos y demás parientes hacen suyo el llamado a evitar conflictos, cultivar la armonía y sostener el amor verdadero, ese sentimiento que José Martí calificó como extraordinario y que debe trascender generaciones.
El trabajo conjunto de instituciones jurídicas, educativas, políticas y organizaciones de masas refuerza la protección de la familia, considerada célula esencial de la sociedad. La satisfacción de las necesidades básicas y el desarrollo integral de cada persona dependen en gran medida de ese núcleo, que constituye soporte y cuna de la vida social.
La articulación entre escuela y hogar, el aporte de la Casa de Orientación a la Mujer y la Familia y el respaldo de las entidades jurídicas consolidan la atención a los hijos, el seguimiento a su desempeño académico y la comunicación efectiva entre padres y descendientes.
La Federación de Mujeres Cubanas (FMC), por su parte, impulsa la capacitación de las féminas para lograr una distribución equitativa de roles en el hogar, donde cada integrante asuma responsabilidades compartidas y se fomente el respeto mutuo. (Foto tomada de Internet)
