Nov, 2025.- "¡Anoche casi me da un infarto cuando vi la noticia en Facebook!", dijo la señora conmocionada por aquello que nunca esperó leer.
- "Déjame ver", insistió la vecina al notar la preocupación de quien ha sido siempre una persona muy informada. Y allí estaba el texto, perfectamente redactado, con datos e imágenes muy convincentes, excepto por...
- "¡Ah, no te preocupes! Este medio no es confiable; lo que busca es crear alboroto para sacar provecho".
Le vino el alma al cuerpo y también la desconfianza porque cuántas mentiras y medias verdades habrá dado como certezas desde que descubrió el atractivo de las redes sociales.
El fenómeno, tan común por estos días, recuerda "La guerra de los mundos", novela del autor inglés H. G. Wells cuya versión radial de 1938 a cargo de Orson Welles logró causar el pánico entre los oyentes, quienes ignoraban que los hechos eran ficticios.
Si bien la magia de la radio desde hace tiempo develó trucos y artilugios desconocidos por muy pocos, los medios digitales resultan indescifrables para muchos ajenos a las potencialidades del lenguaje hipermedial para construir realidades diversas, unas veces apegadas a la objetividad y, otras, a la imaginación o a intereses divergentes.
Más allá de quién tiene o no la razón, si una información es falsa o qué prefiere creer cada persona —porque, sencillamente, tiene la libertad de elegir— existen técnicas y métodos probados desde la psicología, el diseño de la comunicación visual y la construcción del discurso para condicionar la aceptación de un mensaje.
Un párrafo que inicia con tal frase, una foto sutilmente seleccionada, una música acorde a la intención pueden activar determinados resortes emocionales y llevar al convencimiento.
La manipulación es cuestión de ciencia y esto lo aplican espontánea o conscientemente supuestos periodistas, creadores de contenidos, influencers o cualquiera con algo de mala fe y puede que mucho en juego.
Otro tanto aportan las nuevas tecnologías al complejo ecosistema infocomunicacional, y aunque para la gran mayoría resulta trillado aquello de "no creas todo lo que ves en las redes", las modernas herramientas pueden engañarnos o, mejor, devienen fábricas de engaños.
La posibilidad de crear imágenes, clonar voces y hasta producir videos hiperrealistas con Inteligencia Artificial (IA) pone los pelos de punta y alerta del peligro de un mundo falso, totalmente construido.
Estas facilidades de la tecnología sumadas a propósitos mezquinos pueden resultar contraproducentes, más cuando en materia de alfabetización digital y cultura informacional los usuarios evidencian notables brechas de conocimiento.
La ingenuidad en tiempos de IA, mercados de likes y guerra mediática tiene un costo elevado de desinformación y descontento.
En cambio, el pensamiento crítico, la capacidad de análisis reflexivo de la realidad, la contrastación de fuentes y un poco de sentido común evitan los sobresaltos que trae consigo aquello de "irse con la de trapo", solo porque la imagen capta la atención o el texto conmueve.
La verdad nunca estuvo más en juego que en este presente de virtualidad y artificios digitales. (Imagen creada con Inteligencia Artificial)
