Mar, 2026.- La existencia sobre la tierra se dibuja en destellos que iluminan la penumbra de la cotidianidad. En cada gesto pintado de colores, se esconde la alquimia de transformar lo que para muchos, parece simple en un universo de ilusión.

Los infantes, con su inocencia intacta, nos ratifican que la esperanza no se negocia, que la ternura es un idioma capaz de derribar muros invisibles. Ellos, ajenos a las batallas del mundo adulto, nos enseñan que la verdadera riqueza se mide en sonrisas compartidas y en juegos que no conocen fronteras.

Los hombres que deciden vestir la alegría y sembrar fantasía en cada espacio, se convierten en guardianes de la luz. Su entrega es un acto de resistencia contra la monotonía, una declaración de fe en la belleza que no deja de palpitar.
Arropado por los colores del arcoíris, Rafael Rivas Rivero, más conocido como el payaso Chicharrita, demuestra que la imaginación puede conquistar lo imposible y que la magia no es un privilegio, sino un derecho que centellea desde la infancia.
Por esas y muchas otras razones nos levantamos con la certeza de saber que la ternura es capaz de sostener el mundo, y que detrás de cada carcajada infantil se esconde la promesa de un mañana mejor.

Bendiciones infinitas para quienes eligen ser arquitectos del regocijo, porque en su misión se encuentra la más noble de las victorias, triunfos pletóricos de las bellezas, que nos invitan a seguir creyendo. (Foto tomada de Facebook)
