Ene, 2026.- En Guáimaro, cada amanecer parece traer consigo la presencia de José Martí. Su legado no se reduce a páginas antiguas ni a monumentos silenciosos; vive en la mirada de los jóvenes, en la palabra de los maestros, en la entrega de quienes laboran con la certeza de que servir a la patria es también servir al prójimo.
La máxima martiana de pensar como país cobra fuerza en este rincón de Camagüey. No es consigna vacía, sino práctica diaria: se refleja en la solidaridad de los barrios, en la creatividad de los estudiantes que buscan soluciones para su comunidad, en la firmeza de los campesinos que cultivan la tierra con orgullo. Martí se convierte en brújula.
Los guaimareños de hoy, herederos de aquel espíritu rebelde que dio origen a la primera Constitución de la República en Armas, encuentran en el más universal de los cubanos un compañero de ruta. Sus ideas sobre la justicia, la dignidad y la universalidad se actualizan en cada proyecto e iniciativa que busca mejorar la vida colectiva.
La vigencia del Apóstol de la Independencia de Cuba se percibe en la manera en que las nuevas generaciones asumen retos contemporáneos: desde la defensa de la identidad hasta la construcción de un futuro más humano. El Martí de todos no es figura distante; es voz cercana que invita a la acción, la entrega desinteresada y a la fe en el mejoramiento humano.
Así, en el más oriental de los territorios camagüeyanos, la memoria martiana no se limita a la evocación de fechas. Es práctica viva, compromiso constante, certeza de que la nación se edifica con manos unidas y corazones firmes. El hombre que murió de cara al sol sigue iluminándonos, y su pensamiento se convierte en fuerza que impulsa a una isla que actúa para transformar.
A 173 años de su natalicio, José Martí ¡siempre entre nosotros! (Foto tomada de Internet)
