«¡Qué rico es ser latino!», fue la primera frase antes de que el cantante puertorriqueño Bad Bunny entrara en escena, y resumió el espíritu del espectáculo del Medio Tiempo del Super Bowl LX 2026. Pero ¿por qué su actuación generó tanta conversación en las plataformas digitales?
La empresaria digital y creadora de contenido latinoamericana, Dailis Ferrer, publicó en su Instagram: «Ya no es que estemos llegando, es que somos los dueños de la fiesta».
Bad Bunny es un artista controvertido. En sus inicios, sus letras abordaban temas comunes de las canciones reguetoneras y de trap: sexo, mujeres, alcohol, éxito y dinero; algunas aún lo hacen.
Sus detractores dicen que no se le entiende al cantar, y coincido con ellos, pero el domingo la actuación se entendió perfectamente, más allá de su criticable vocalización.
«Los latinos merecemos la emoción que nos regaló anoche este grande. God bless America (pero toda)», cito textualmente el estado de WhatsApp de una colega de profesión, refiriéndose al show del boricua.
Gusten o no su figura, estética, actuar, o música, lo innegable es que Benito Antonio Martínez Ocasio, de Puerto Rico, que empezó desde abajo y ahora es rico –como parafrasea en una de sus canciones–, se convirtió en un fenómeno mundial sin olvidarse de sus raíces y ¿por qué negarlo? también ha evolucionado su imagen artística.
Esto lo demuestra su álbum Debí tirar más fotos, protagonista de los 13 minutos de su intervención en uno de los eventos deportivos más importantes de Estados Unidos, el «Super Tazón».
Su participación era sumamente esperada por la comunidad internacional, tras sus contundentes declaraciones durante la entrega de los Premios Grammy hace una semana. «Fuera ICE», dijo entonces.
Cada año, más de cien millones de personas ven el Super Bowl, apunta el diario estadounidense The New York Times. Y Bad Bunny lanzó ante semejante audiencia mensajes contundentes: que América Latina debe sentirse orgullosa de su historia, sus tradiciones, y que el amor es más poderoso que el odio.
La simbología perceptible en el estadio californiano no fue improvisada; conectó con su amado Puerto Rico, y al mismo tiempo, con nuestras propias culturas latinoamericanas.
Su narrativa performática comenzó jugando con la añoranza y terminó encarando decisiones políticas del gobierno, o la ausencia de ellas, como el mal manejo de los apagones puertorriqueños y las consecuencias del huracán María en 2017.
En redes sociales abundaron referencias al humor latino que Bad Bunny representó con acierto: los niños que dormimos en sillas durante una fiesta, la cita con la manicurista, el carrito donde compramos granizado (raspado, piraguas), el de agua de coco y a los clásicos ancianos jugadores de dominó.
Por si quedaba alguna duda de sus intenciones, el boricua remató con ritmos latinos –desde el vulgar perreo hasta la fiestera salsa– cantando siempre en español y mostrando un balón de rugby con la frase «Together we are America» (Juntos somos América), en medio de tensiones políticas por las medidas migratorias del presidente Donald Trump.
En escena apareció Lady Gaga con Die With a Smile, la única canción en inglés del repertorio. Aunque en principio desentonaba con el resto del performance, su presencia terminó reforzando el mensaje: una de las más grandes estrellas estadounidenses compartiendo escenario con uno de los cantantes latinos más populares del momento, al ritmo salsero y con una flor típica del continente, el hibisco rojo, en su vestido.
Ricky Martin también se sumó con Lo que le pasó a Hawái, éxito de Bad Bunny que exhorta a defender la cultura boricua frente a las nuevas formas de colonialismo.
El público vislumbró la presencia de otras estrellas de ascendencia u origen latino: los actores Pedro Pascal (Chile) y Jessica Alba (México-EEUU), las cantantes Karol G (Colombia), Cardi B (EEUU-República Dominicana) y Young Miko (Puerto Rico) y el reconocido beisbolista Ronald Acuña Jr. (Venezuela).
Rodeados de falsos cañaverales –símbolo histórico de exportación en Puerto Rico y Cuba– las estrellas y el equipo dejaron ver su posicionamiento político ante las arremetidas trumpistas contra la comunidad latinoamericana.
Bad Bunny aprovechó desde el minuto cero su tiempo en escena, para legitimar la voz de millones de latinos residentes o no en Estados Unidos. Al final nombró los países que conforman América Latina y el Caribe, e hizo, a su estilo, un llamado al orgullo continental, un reclamo al gobierno estadounidense, y un regreso a los recuerdos, buenos y malos, que conservamos muchos latinos.
