Ene, 2026.- No siempre los mapas revelan la verdadera grandeza de un lugar. A veces, es la memoria, la historia y la voz de su gente la que dibuja con mayor precisión los contornos de una ciudad. Guáimaro es uno de esos sitios que no se descubren con prisa: se sienten, se respiran, se viven.
Allí, donde la Carretera Central anuncia la cercanía de un pueblo que guarda celosamente su identidad, se abre un espacio que invita a detenerse. El territorio más oriental de Camagüey no solo recibe al viajero con hospitalidad, también lo envuelve con la magia de su pasado y la fuerza de su presente. Es tierra que inspira versos, canciones y sueños compartidos.
En este poblado, cuna de la primera Constitución de la República de Cuba en armas, la tradición se entrelaza con la arquitectura que desafía el tiempo. El Museo Municipal, con sus columnas firmes y su portal generoso, se convierte en un refugio de memorias y emociones. No distingue edades ni credos: abraza a todos los que llegan y les ofrenda un recorrido por las leyendas que dignifican a la región.
Sus salas, cuidadas con esmero, son visitadas por pioneros curiosos, ancianos que evocan danzones y anécdotas, jóvenes que buscan aprender y adultos sorprendidos por la serenidad del lugar. El canto de los gorriones acompaña cada paso, recordando que la naturaleza es parte de la identidad guaimareña.
Al mediodía, cuando el sol se detiene en lo más alto, la sombra de la ceiba monumental ofrece descanso. Ese árbol, testigo de ciclones y sequías, se mantiene erguido, orgulloso de haber sido fuente de alivio en épocas pasadas, como cuando Salvador Cisneros Betancourt bebió agua del tinajón.
Guáimaro es silencio que guarda secretos, canto de aves que sustituye el ruido urbano, es resistencia que se levanta frente a la adversidad.
En el Museo Municipal florece la memoria de Ana Betancourt de Mora, mujer adelantada a su época que proclamó los derechos femeninos, y se respira la rebeldía de Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria, Ignacio Agramonte, El Mayor, y tantos otros que en abril de ´1869´ dieron vida a la Asamblea de Guáimaro, inspiración para José Martí y para generaciones enteras.
El recinto cultural inspirador de esta página más que una edificación, se considera símbolo, orgullo compartido, espacio donde los sueños actuales se funden con las huellas del pasado. Declarado Monumento Nacional en ´1979´, es y continuará siendo sempiternamente un faro de identidad y patriotismo. (Foto Archivo)
