Nov, 2025.- El guaimareño Crescencio López Pose avanza con la tierra tatuada en sus pasos y el mar reflejado en su mirada. No busca honores ni aplausos, porque su grandeza se revela en la sencillez de lo que hace: cada árbol que resguarda, río que defiende y ave que protege, es un latido de su propia existencia.
Su voz centellea como un murmullo presto a ratificarnos que la naturaleza no es ajena, sino madre.
Cuando Crescencio extiende la mano, no lo hace para dominar, sino para sembrar esperanza. Cuando se detiene, no es por agotamiento, sino para escuchar el lenguaje secreto del viento, que le habla de raíces y futuro.
El protagonista de esta historia comprende que cuidar el entorno es salvaguardar la vida misma, y proteger el medio ambiente es abrazar a los hijos que aún no han nacido.
Este guaimareño que tanto inspira no es héroe de epopeyas ni figura de leyendas, pero en la sencillez de su andar cotidiano se escribe la leyenda de un guardián silencioso. (Foto tomada de Facebook)
