Israel: árbol que nació torcido

Israel: árbol que nació torcido

Hoy, el estado de Israel, y su práctica sionista, está decidido a eliminar de la faz de la Tierra hasta el último palestino.

Ligado estrechamente con el fin de la II Guerra Mundial, la ubicación de los judíos perseguidos en Europa, bajo la premisa de la ONU, encontró en tierra palestina, el lugar hacia el que fueron llevados para su protección.

Días, quizá semanas después de aquella acción, comenzaban a aplicarse los fundamentos de la ideología sionista: la exclusión de los palestinos y la ocupación de sus tierras, por parte de los judíos.

Nacían, desde entonces, los gérmenes de una guerra, que es la misma –con matices actuales más fascistas–, que la que hoy Israel aplica contra la Franja de Gaza, los árabes de la Cisjordania ocupada, y que extiende al país vecino, Líbano, donde bombardea a diario, asesina a niños y a mujeres y destruye viviendas, escuelas, hospitales, todo.

En tal sentido, con la creación del Estado de Israel, el 14 de mayo de 1948, ya se veía crecer un árbol cuyo tronco torcido no ha proporcionado ni flores ni frutos, sino guerras, bombardeos, exclusión y muerte para los palestinos, árabes e iraníes, en su conjunto.

Pero Israel, en su devenir por el mundo, necesitó, primero, hacerse de la bomba nuclear, lo que alcanzó con la colaboración de Francia. El 17 de septiembre de 1956, el primer ministro isaraelí, Shimon Peres, y las autoridades galas llegaron a un acuerdo tentativo en París para venderle a Israel un pequeño reactor de investigación nuclear, el que se construiría en Dimona para el suministro de combustible de uranio.

Era el inicio de una verdad negada, incluso hasta nuestros días, pero que alcanzó el objetivo deseado por Tel Aviv: obtener el arma nuclear.

Encubierto en la mentira de una gran telaraña, que aprovecha los resquicios de una política internacional cada vez más vilipendiada y menos creíble, Israel, según los datos más recientes, se estima que posee un arsenal que oscila entre 90 y 400 ojivas nucleares.

De acuerdo con algunas fuentes, se cree que tiene capacidad de lanzar los artefactos, lo mismo desde aviones, misiles cruceros que desde submarinos, o mediante misiles balísticos de alcance intermedio a intercontinental.

Con esa credencial, los gobiernos de Estados Unidos arroparon al Estado sionista, bajo su protección, de manera que, a la vez que se sentía fuerte militarmente, pudiera convertirse en lo que es hoy, una punta de lanza de las administraciones yanquis, en sus planes de apropiación del petróleo y otros minerales, en abundancia en la zona. 

Este proceso de un Israel bajo el paraguas estadounidense es la causa fundamental para que el sionismo fascista lleve adelante las masivas masacres contra la población palestina, y los bombardeos al Líbano e Irán.

El desarrollo armamentístico israelí lleva etiqueta Made in USA, lo que convierte al Estado hebreo en uno de los mayores beneficiados, y a los contribuyentes estadounidenses, en los más afectados.

Recuérdese siempre que es el complejo militar industrial uno de los pilares que sostiene la economía de la nación del Norte.

Con motivo de los más recientes ataques contra la República Islámica de Irán, no pocos, de manera incrédula, han afirmado que la administración Trump fue llevada por Israel a cometer los crímenes horrendos en Irán. Soy del criterio de que es todo lo contrario, Washington usó la credencial del fascista Benjamín Netanyahu, y lo incorporó a una contienda tan irresponsable como criminal, que pone en peligro la región del Oriente Medio, y al mundo en su conjunto.

El sionismo, con su filosofía de exclusión, no ha hecho más que eliminar a la población palestina, ocupar sus tierras, apoderarse de sus olivos y construir asentamientos, allí donde vivieron o viven las poblaciones árabes.

Hoy, el Estado de Israel, y su práctica sionista, está decidido a eliminar de la faz de la Tierra hasta el último palestino, sea niño, joven o anciano, mujer u hombre.

En esta caótica situación, la emigración palestina hacia el exterior, o hacia zonas distintas a las que han vivido, ha sido una constante. Suman millones los seres humanos obligados a vivir como parias en su propia patria.

Dos objetivos marchan en paralelo; el primero de ellos, apoderarse de todas las tierras en las que vivan los palestinos, y el segundo, fomentar la construcción de asentamientos judíos en tierras ocupadas.

Pero todo este plan ha tenido, en los distintos gobernantes de Estados Unidos, un paraguas protector, que no solo financia muchos de los planes israelíes, sino que le proporciona todo tipo de armas, y que usa sus prerrogativas de potencia para vetar, en el Consejo de Seguridad, todo proyecto de resolución quee pretenda, aunque sea, lograr un cese del fuego de las agresiones contra la población palestina.  

 

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